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ALGO DE HISTORIA
Los orígenes del juego son poco claros, y mientras algunos lo sitúan en Europa, concretamente en Francia, otros aseguran que fue una invención británica, que luego se extendió al continente, y posteriormente se trasladó a los Estados Unidos. Pero sea como fuese, lo cierto es que en tiempos antiguos se jugaban variantes parecidas a lo que es el póquer actual, leyendas de suicidios, pérdidas de fortunas, novias, esposas, todo por recuperarse del infortunio del naipe.
La historia del póquer está llena de anécdotas, divertidas, trágicas, dramáticas; caballeros de fina estampa concurriendo a tugurios, tahúres disfrazados con empolvadas pelucas con la disposición de esquilmar a sus víctimas, y mezclando entre ellos a aristócratas con sólo porte de apellido y poca fortuna, muchos con su propia trampa esperando a quienes caerían en sus trampas. También corrieron terribles cuentos sobre asesinatos de gente que fue muerta por descubrir al tramposo y querer organizar el escándalo en su contra. Pero de esto no se puede culpar al juego, sino a la gente que lo practicaba con trampas y engaños a todo aquel que podía tomar como víctima.
Otra época dorada fue la conquista del Oeste americano y su colonización, con todo lo bueno y lo malo que esto pudiera tener. Era de esperar que a un mundo en formación como era el siglo XIX, llegasen aventureros de toda clase, entre ellos a los que querían la fortuna lo más rápido posible. Con las grandes rutas ganaderas, con los yacimientos minerales, muchos ganaban fortunas con sus trabajos, y otros se dedicaron a sentar bases para esquilmar con el juego, los más audaces e inescrupulosos lo hacían a punta de pistola. Nacieron casinos y saloons , como los llamaban entonces, montaban sus escenarios en cualquier lugar, el objetivo era dejar sin un peso o valores al incauto vaquero, agregaban alcohol y mujeres, a pesar de la rueda de la fortuna el póquer era el juego preferido de todos. Lo peor no era perder su salario, lo que más lastimaba era ser trampeado, cuando el tahúr era descubierto, normalmente se desataba la tragedia de uno u otro participante.
Una época histórica para los jugadores de póquer fueron los viajes a través del Mississippi y Misoure, donde los dueños de los casinos flotantes hicieron su primavera, tenían juegos como El farol, La ruleta y el Póquer. Los juegos habituales a bordo atraían a viajeros y a profesionales del juego, a todos por igual, todos querían ganar dinero. Los dueños o administradores de estos casinos, no admitían tahúres pero sí a profesionales, la diferencia estaba en que los primeros hacían trampa y los segundos no, sin embargo para los viajeros el destino era el mismo: perder. Los profesionales sin necesidad de trampear dejaban a los viajeros desplumados, eran realmente gente que parecía haber nacido con cartas en las manos y con una percepción sobre el adversario increíble, esto los hacía superiores en el juego y el juego parecía no tener secreto para ellos.
En los años veinte en los Estados Unidos el juego iba a ser un emporio, todo parecía girar alrededor del alcohol y el juego. Grandes salones lujosos acogían a lo mejor de la sociedad para dilapidar millones de dólares en las mesas de juego, gran época para el cine y la literatura de ficción y acción, lo cierto es que el Póquer era el gran favorito de los ciudadanos, que se dibujaba en un ambiente denso y humeante.
Es lamentable que se relacionen cosas negativas a tan hermoso juego, y a otros tantos juegos de uso y costumbre, no se puede culpar a los juegos en si, la falta de escrúpulos de algunos o la ambición de otros no tienen nada que ver con la buena intencionalidad de los hombres que quieren pasar un rato agradable jugando con su emociones e ilusiones.
En esa misma época los mineros jugaban al póker para distenderse de trabajo tan rudo, los marines lo hacían también.
Y si bien los latinos que pueden optar por el póquer u otros juegos con baraja española, cada vez más eligen este juego, que va haciendo raíces por su particularidad de participación.
Es evidente que algo que fascina tiene el Póquer, cuando es extraordinario que se adapte a tantas latitudes y mentalidades, cuando ha sobrevivido a tantos siglos, con tantas pocas variantes en su estilo de juego. Por algo lleva la leyenda de ser un juego de Reyes.

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